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viernes, 31 de marzo de 2017

Osito Mier escribe "me vale un huevo" en alusión a los huevos que masistas arrojaron sobre el Gobernador de Santa Cruz, aunque poquitas horas después Vallegrande le arrojó flores y le aplicó guirnaldas por todas las obras que Rubén Costas efectúa en la provincia.

La historia de las ideas políticas se ha escrito en contiendas muy difíciles. Las civilizaciones, muchas veces, luchan para consolidar la democracia, ya sea en el debate, donde se confrontan diferentes tipos de pensamiento, ya sea a palos, a zapatazos o a bala, pensando que la democracia es el mejor sistema de vida para los pueblos. Siempre hay escollos para consolidarla, pero la mejor forma de hacerlo es con el uso de la palabra, debatiendo. Si hay gente que cree que lanzando huevos al adversario va a consolidar el vivir en democracia, está equivocada.

Los griegos decían huevorub no, pensarun si. Eso quiere decir que todo debe arreglarse entre hermanos, sin corretear a nadie a huevazos. No duele mucho, físicamente hablando, pero sí lesiona el alma de la democracia.

El huevo en la democracia ha tenido capítulos aislados y se actualiza por un grupo de exaltados en Beni que ha agredido a sus adversarios. A estas alturas de la vida, el huevo lanzado no es saludable por más que la víctima pueda sentirse beneficiada cuando el huevo le da en la cabeza, ya que un baño de huevo, dizque, suaviza la caballera, mucho más cuando es blanca, como lo ocurrido en Trinidad. ¿Será necesario entonces inventar una especie de casco, más parecido a una sartén, para contrarrestar esos ataques? No vamos a lograr nunca afianzar la democracia correteando por las calles a huevazos a la gente del otro bando.

Es hora de condenar al huevo como arma de lucha, porque se empieza con un huevo de gallina y luego se van usando otros, como el de peta, que es antiecológico, y el de piyo, que por su volumen puede catalogarse como arma mortal. No podemos decir que estos hechos nos importan un huevo. Por más huevadas que sean, hacen daño, porque confrontan a hermanos. Unos por ser solidarios, los otros porque no tienen argumentos para justificar lo injustificable. Ya somos grandecitos tratando de abrir a huevazos una enorme senda para pavimentar nuestra democracia. Lo dijo Plutus: “La violencia es la sartén donde se frita la convivencia de nuestra sociedad”

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