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lunes, 8 de marzo de 2010

gracias Don Bosco! cuántos bienes recibidos, cuánta sabiduría...cuánta humanidad


alumno del Colegio Don Bosco situado en plena esquina de la plaza de la Policía, también conocida como la Iglesia de San Agustín, donde balbucí el cristianismo en toda su admirable y eterna dimensión. cómo no recordar al primero de mis directores Romeo Palestro, italiano dueño de una caridad increíble, algunos años después lo volvería a encontrar en la Clínica Americana, tocando a la puerta de mi habitación y entregándome la Eucaristía. cómo no recordar al prefecto, sacerdote boliviano Alberto Aramayo, al jefe de estudio padre Victor Mura, al catequista o sea responsable de la enseñanza de religión padre Berti, quién gozó de una vocación de comunicador única, estupenda. de Berti aprendí a usar el avisador, algo así como un "diario mural" con fotografías, artículos, estampas, recortes de revistas, del santoral, de los diarios. una verdadera escuela de comunicación en su más elemental y muy enriquecedor contenido, gracias padre Berti, a los teólogos de Italia, de Perú, de Bolivia que eran nuestros asistentes, encargados de la disciplina, de los deportes, del teatro del colegio, de la banda de música, del coro de niños...al ver tu imagen Juan Bosco una reproducción en cera, copia del original que fue logrado de la mascarilla del santo, se me agolpan las imágenes, se me empañan los ojos, a miles de kilómetros de distancia, pero muy cerca de la urna que estoy acompañando en su recorrido por las calles de Sucre, la ciudad blanca, de los cuatro nombres y 14 "patas", comarca o región, al pie del Sica-sica y del Churuquella, ante un cielo de azul intenso, y recuerdo "don Bosco...sonriente mirando hacia el mundo derraman tus ojos ternura y lanzan el grito de altura, el grito sagrado de amor: da mi animas coetera tolle (dadme almas, lleváos lo demás)

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