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miércoles, 8 de julio de 2009

no por mucho madrugar...amanece más temprano! cuidado que al mejor cazador se le escapa...

El caballo del corregidor largó primero por Zoe

Con el el uso de todos los recursos del Estado la campaña oficialista ha madrugado al resto de los candidatos, aunque en los hechos Evo Morales jamás ha dejado de estar en campaña.

Se sabe que el presidente no soporta las reuniones para evaluar y diseñar políticas de Estado y se ha pasado estos tres años “gobernando” desde aviones dentro y fuera del país o en concentraciones populares de sus adeptos en diferentes regiones y, ahora que ha anticipado su campaña electoral, se lo verá en palacio solo para los actos oficiales.

imageimageimage En poco más de 24 horas Evo estuvo en Guayaramerín, Beni, en la provincia Villarroel de La Paz y en Tiraque, Cochabamba.

Sus visitas a distintos puntos del país a bordo del helicóptero venezolano, entregando obras ejecutadas con dinero también venezolano pero que deberá ser devuelto por todos los bolivianos, masistas y no masistas, no son actos administrativos sino parte de su campaña en la que está utilizando en forma desvergonzada recursos y medios del Estado.

Esto nos trae a la memoria los esfuerzos que hizo el MAS para quitar el soporte económico que daba el Estado para que los partidos pudieran hacer sus campañas. Es lógico; el MAS no necesita esos recursos cuando puede echar mano directamente a las arcas del Estado y si algo faltaba ahí están los petrodólares del padrino Hugo Chávez, en tanto que los opositores deberán buscarse la vida como puedan.

Esta descarada ventaja de una candidatura oficialista solo tiene parangón con el apoyo brindado por Hugo Banzer a su delfín Juan Pereda Asbún en las elecciones de 1979, las primeras luego de siete años de dictadura. En esa ocasión también se utilizaron recursos y medios estatales. Además, algunos jefes militares de ese entonces declararon que los candidatos opositores no podrían visitar algunos distritos porque eran “territorio nacionalista”, según la jerga de ese entonces.

De esa dictadura a una democracia que languidece como la actual, no hay mucha diferencia y vayamos a los hechos.

Los caciques al servicio del MAS ya han anunciado que los opositores no podrán ingresar a algunos distritos como Achacachi, algunas regiones de Potosí y, naturalmente, el trópico cochabambino.

En las concentraciones efectuadas con motivo de las “entregas” de obras que realiza Evo Morales son utilizados profusamente vehículos de propiedad de instituciones públicas y se sabe que muchas de estas son asignadas de manera arbitraria a los dirigentes de los “movimientos sociales” para que hagan campaña en las áreas rurales.

En las oficinas públicas, los jefes de recursos humanos se han encargado de recordar a todos los funcionarios que deben depositar, desde este mes de julio, su aporte “voluntario” a la campaña correspondiente al diez por ciento de su salario y que deberán hacerlo hasta el mes de noviembre.

Todos los ministros harán de “jefes de campaña” en determinados departamentos. Pero eso no es todo: en muchas instituciones, decenas de funcionarios han sido declarados en “comisión” con goce de haberes para incorporarse a la campaña electoral de Evo.

Este uso abusivo de los recursos estatales constituye un fraude en lo legal y moral, por cuanto se está aprovechando en beneficio del candidato oficialista bienes que son de todos y cada uno de los bolivianos.

Por otra parte se ha dispuesto que los candidatos opositores no tendrán acceso a los medios de comunicación que son del Estado y que el gobierno ha convertido en masistas. Esta medida ya fue ejecutada en ocasión del referendo por la nueva CPE, cuando los que expresaban rechazo al nuevo proyecto constitucional no tenían pisada en el canal 7 ni en la red de emisoras Patria Nueva.

En resumen: para el MAS las ventajas que puedan tener nunca es suficiente y están dispuestos a utilizar cualquier artimaña, por grosera que sea, para lograr el propósito reiterado en varias ocasiones por el propio Evo, a nombre de los indígenas, de quedarse por 50 años en el Palacio de Gobierno.


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